Voces del Alto Mayo: cosecha de colores

Zoila Álvarez, una agricultora que vive en el Bosque Protector Alto Mayo. (© Conservation International)

Desde 2012, Conservación Internacional Perú ha estado trabajando con el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNANP) para prevenir la deforestación del bosque protegido Alto Mayo (Región San Martín). Se han firmado acuerdos de conservación con las familias que viven dentro del área protegida para garantizar que no reduzcan el bosque a cambio de asesoramiento técnico y comercial. Se les enseña cómo implementar buenas prácticas y acciones de conservación que contribuya a su bienestar, así como al del bosque. Desde entonces se han firmado 999 acuerdos de conservación, y si bien los resultados de hecho han reducido la tasa de deforestación, su impacto ha trascendido y cambiado la vida y visión de desarrollo de estas familias.

Te invitamos a conocer cómo los acuerdos han cambiado han transformado vidas desde la propia voz de los suscriptores.

Crecí en Chachapoyas, región de Amazonas. Mi familia solía cultivar maíz y un año llegó una tremenda sequía y nos quedamos sin nada. Entonces decidimos migrar. A través de un miembro de la familia, mi mamá y mis hermanos llegaron al Alto Mayo. Fue impresionante la cantidad de animales y pájaros que pudimos ver en ese momento. No estaba muy poblado, pero poco a poco comenzaron a llegar más personas. Han pasado 35 años desde que me mudé aquí.

Cuando supimos por primera vez que se trataba de un Área Natural Protegida, también escuchamos que las Autoridades del Parque querían echarnos. Pero luego nos dimos cuenta de que eso no era cierto. Me pidieron que los ayudara a reunir personas para que pudieran hablar con nosotros sobre los Acuerdos de Conservación, pero nadie quería ir. Las autoridades querían trabajar con personas que viviesen dentro del bosque, pero le dije que podía comenzar con nosotros. Éramos solo unos pocos en Aguas Verdes* entonces.

Lo que más me impactó al principio fue que los técnicos estaban con nosotros todo el tiempo. Llegaron hasta nuestras chacras y nos dieron 1,500 semillas y nos enseñaron a trabajar nuestro café. Ahí nos dimos cuenta que no lo estábamos trabajando de forma apropiada. Ahora realmente hemos aprendido y sabemos que, si no usamos fertilizantes orgánicos, no habrá una buena cosecha. Hoy en día, incluso cuando no hay peones para la cosecha, también vienen a ayudarnos.

Después del apoyo que recibimos con el café, nos ayudaron con un bio-huerto y luego el orquideario. Tengo un bio-huerto aquí en mi casa y otro en mi granja. Antes, solíamos comprar todas nuestras verduras y cuando no teníamos dinero simplemente no las comíamos. Ahora comemos lo que cultivamos e incluso hay suficiente para vender. He aprendido que, como mujer y madre, también puedo poner el pan sobre la mesa.

La pitahaya** también nos ayuda a generar ingresos. Al principio solo tenía 10 pequeñas frutas. Cuando vi que se estaba vendiendo a un buen precio, le compré unas cuantas a unas señoras aquí y fui a venderlas a la ciudad de Moyobamba***. Ahora tengo varias plantas nuevas y una vez que comiencen a producir iré a la capital para venderlas y nadie me detendrá; ¡se venden a un precio realmente bueno! Cuando mi hijo me ve así, dice: “Nos motivas a trabajar, nos alientas mucho y vale la pena todo el trabajo duro”.

Mis hijos también quieren ayudarme en el bio-huerto, pero les digo que no necesito su ayuda; el bio-huerto es mi lugar especial. Allí, recojo mis tomates orgánicos, mi lechuga, mi cebolla china que me compran los restaurantes locales, y se venden muy rápido. Sin embargo, los técnicos me han aconsejado que no lo venda por kilo, sino que lo venda en las calles en puñados porque así ganaré más.

Tengo una hija que ama las orquídeas. Como parte de los Acuerdos de Conservación, también recibimos apoyo para construir nuestro propio orquideario, y mi hijo también se involucró mucho. Él trae las orquídeas de nuestra granja y las cultiva. A todos en la familia nos gusta involucrarnos, aunque cuando es el momento de la cosecha del café tenemos que descuidarlo un poco.

Nuestra idea es que podamos generar un ingreso de los turistas que vienen a ver las hermosas orquídeas. Ya hay algunas personas a quienes les gusta venir a verlas. Pero estoy segura de que poco a poco habrá más. Sabemos que uno debe ser paciente. También hemos pensado en ofrecer caminatas a las montañas, donde se pueden ver hermosas aves como el gallito de las rocas y otros animales como el ronsoco***.

Con el tiempo nuestros conocidos han visto cómo las autoridades del Bosque de Protección Alto Mayo nos han apoyado, no solo dándonos herramientas, sino también con todo lo que nos han enseñado, por lo que más personas se han sentido alentadas a firmar los acuerdos. Puedo decir con total honestidad que mis ingresos han mejorado. Mi familia también se unió a la COOPBAM, la cooperativa creada por los primeros suscriptores. Y, aunque algunas veces haya personas que quieran comprar mi café, es mejor trabajar con la cooperativa porque al final de cada año recibo mi reintegro que depende de cuánto venda la cooperativa, y cada año están vendiendo más.

Mi idea de conservación es que en el 2020 mis nietos aún puedan ver todo lo que existe hoy y también puedan vivir de la naturaleza. Los árboles recolectan agua y absorben carbono. Esperemos que las personas dentro del bosque y todos en general tengan más conciencia sobre el valor y la importancia de la naturaleza.

Mira el video aquí.

Lee esta publicación en inglés aquí.

Zoila Álvarez es suscriptora de Acuerdos de Conservación con el Bosque de Protección Alto Mayo. Este post fue editado por Daniela Amico, gerente de comunicaciones de CI Perú.

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